Empecé a pescar en Navarra, en el río Aragón y, sobre todo, en el Esca. Lo que más me atrapó de la pesca a mosca fue su estética: ver volar la línea y cómo esos anzuelos vestidos con plumas, al posarse en la superficie del agua, eran capaces de hacer subir un pez y comerse “eso”.
Con el tiempo entendí que lo realmente importante no era solo pescar, sino la conexión con el río. Observarlo, entenderlo y ser capaz de descifrar su idioma. Esa forma de estar en el agua sigue marcando mi manera de pescar hoy.
Trabajo como guía de pesca e instructor de lanzado, y comparto esa forma de vivir la pesca a mosca a través de WaderPeople. Para mí, enseñar y crear contenidos es una manera de expresarme y de devolverle a la pesca todo lo que me ha dado a lo largo de los años.
Viajar y conocer nuevos ríos siempre está bien, pero lo verdaderamente valioso es conocer gente nueva, distintos estilos y aprender a adaptarme a ellos. Seguir aprendiendo es, al final, lo que mantiene viva la motivación.